jueves, 13 de octubre de 2016

Realismo Sucio






  1. Está claro que Faustino Desinach, poeta, no va a rendirse, que seguirá convocándonos cualquier día o noche para asistir al rito de presentar su más reciente animal cazado, su más reciente viaje a planetas lejanos, su más genuino acto de amor, su señal de vida, su diario, su mapa. Venimos y el poeta nos muestra lo que es capaz de hacer con sus manos: cavar hasta el fondo de la tierra y sacar animales luminosos, o alzarlas muy alto, y bajar con frutos del árbol, y nosotros quedamos, francamente maravillados, no sabemos si es una bendición o una maldición, la confusión a veces recorre al público que escucha al poeta como un sacerdote recitando sus oraciones, varias personas murmuran que no entienden, otras asienten simulando que entienden.

    ¿De qué sirve leer un libro como este sin un vaso de vino, sin una noche lluviosa, sin una canción de Bob Dylan, sin un cuadro de Dalí, sin los animales del cuerpo inquietos, sin la humedad tomando forma, color, perfume? De nada.

    El libro es prueba documental de que el arte puede ser un territorio para decir la verdad, para experimentar nuevas armas que tal vez no definan la guerra, pero sí la alarguen a través de la noche, de que el amor puede ser un espacio para convertirse en animal, en instinto, en humano prehistórico, sin modales, sin educación, sin apariencias.

    El libro dice la verdad donde todos acostumbramos mentir, señala donde todos acostumbramos mirar para otra parte, denuncia donde nosotros disimulamos, muerde donde nosotros lamemos con desagrado, y finalmente muere con dignidad donde nosotros seguimos viviendo con deshonor.

    No hay dulzura en esta poesía de Faustino, no hay formalismos, ni tiempo para limpiarse la boca con una servilleta mientras se lee: no, el libro tiene la boca sucia, las manos manchadas con la sangre de un crimen reciente, las piernas en  fuga y los ojos desbordados.

    No hay buenos modales en este libro de Faustino, ni uñas limpias, ni caras lavadas ni ropa planchada: todo lo contrario, hay un cuerpo, el suyo, el mío, el nuestro, viviendo urgentemente antes de que venga la muerte o la gratitud o la renuncia, a sacarnos del juego.

    El libro “camina por el lado salvaje” de la vida, como la canción de Lou Reed, está casi siempre frente a una ventana con bulevar sin saber si lanzarse o dar otra oportunidad para el invierno venga y diga algo que realmente valga la pena, signifique, nos reivindique.
    Señores y señoras, el libro tiene una pistola en la sien y yo todavía no sé en cuál página apretó el gatillo y en cuál página resucitó en un callejón de San José.

    El libro es una canción, dura, callejera, húmeda, rota, gris, que cuando amanece sonríe y dice un nuevo día para seguir adelante, para salir a caminar entre los enemigos, para sobrevivir.

    Todos conocemos a Faustino como fotógrafo, como escritor, como ser humano, como amigo, como nómada, pero ahora lo conocemos como un tipo realmente peligroso, nocivo, malvado, o sea, un poeta.

    Ahora Faustino se quita la máscara y vemos el monstruo de la poesía, el verdadero traidor que hemos amado todos estos años. Ahora vino la Poesía y lo bendijo y lo maldijo al mismo tiempo, lo convirtió en este hombre opulento dueño de todo y en este mendigo carente de todo.

     Faustino es hoy un ser humano más roto, más desangrado, más cercano a la humillación, a la música.

    Faustino es hoy un desertor, un paria, un loco que escapa del sanatorio, se quita la camisa de fuerza, ataca a la enfermera, desprende la aguja del tranquilizante, rompe la ventana y huye.

    Tengo una profunda piedad por él, sólo comparable con el profundo amor y la enorme dignidad que me inspira.

    Cuando leí el libro me volví sordo a cualquier sonido que no fuera una canción de Bob Dylan, sobre todo a aquélla que dice:
    “Si no fuera por ti  muchacha, no podría encontrar la puerta/ no podría ver ni/ siquiera el cielo, estaría triste y abatido/ si no fuera por ti./ Si no fuera por ti muchacha/ Yacería despierto toda la noche/ Esperaría la luz del día/ para que brillara aquí dentro/ pero eso no sería distinto/ si no fuera por ti./ Si no fuera por ti/ mi cielo se derrumbaría  y la  tristeza se agolparía./ Sin tu amor ya no conseguiría nada/ estaría perdido sin no fuera por ti/ sabes que es cierto./ Si no fuera por ti, el invierno no tendría primavera/ no podría oír cantar al petirrojo/ no tendría idea de nada/ y en cualquier caso nada sería verdad”

    Y eso es este libro de Faustino, es cierto, es verdad, es duro, es simple como un movimiento del cuerpo cuando hace el amor y no está amando pero lo intenta una y otra vez.

    Juraría que este libro dura una tarde, o un invierno, o una mirada, o una flor, o una camisa en el suelo, o una ventana, o un disparo en la calle. Este libro tiene otras medidas del tiempo, no se puede leer en segundos o minutos, se debe leer en el tiempo de las manos, las bocas, las floristerías, las enaguas, las botellas, los amaneceres, las pieles y todos esos seres que forman bulevares a través de la vida, como si fueran baldosas.

    En el libro hay un tipo condenado a la silla eléctrica que escribe su última carta, hay un apache que atisba al hombre blanco, hay un asesino, hay un sujeto que ama a su mujer hasta medianoche y después se convierte en un desconocido.

    En el libro hay un tipo que se sujeta la cabeza sentado en la calle y todos pasan y nadie le ofrece un cigarro, ni le pregunta si está bien, ni le pone una mano en el hombro para transmitirle un poquito de calor.

    No, ese hombre al final del día tiene que levantarse y regresar solo a su casa a calentar las sobras de la semana pasada, entonces de camino se encuentra a una mujer, no importa si es negra, blanca o amarilla, si es santa o prostituta, firmaría una teoría que afirme que todas las prostitutas son santas y no hagamos viceversas, y sencillamente se la lleva, le ofrece una botella, una ventana, una cama, una refrigeradora blanca vacía de comida llena de frío, y ella que no podría estar más sola o más loca le dice que sí, y lo sigue, lo acompaña, lo rescata y lo pone a salvo en su propio caos, en su propio invierno, en su innegable sufrimiento. Mientras se atraviesa el libro alguien pone un disco, no un compacto, o más bien un elepé y suena Jim Morrison:
    “Días extraños nos han descubierto/ días extraños nos han buscado y encontrado/ destruirán nuestras pequeñas alegrías/ tendremos que seguir el juego o encontrar una nueva  ciudad./ Ojos extraños llenan extrañas/ habitaciones/ voces transmitirán su aburrido propósito/ la anfitriona hace muecas/ sus invitados duermen hartos de pecar/ escúchame hablar del pecado y sabes que es así./ Extraños días nos han encontrado/ Y durante sus extrañas horas/ agonizamos solos/ cuerpos confundidos/ recuerdos maltratados/ mientras corremos desde el día/ hacia una extraña noche de piedra.”

    Y hacia allí corre el libro como un caballo demente: hacia la noche, la madrugada, la oscuridad, las ventanas. Porque las ventanas juegan un papel muy importante en estos poemas, casi afirmaríamos que sin ventanas no habría poemas pero también que sin estos poemas no habría rosas.

    Volvamos, volamos, al principio, dije algo así como que de qué vale leer este libro sin una ventana, sin una vela apagada a punto de encenderse sola o encendida a punto de apagarse sola, de un poco de frío que surta efecto en los senos más cercanos, unas gradas que suenan cuando las subimos, y sin una mujer? Pues de nada.

    Creo que también dije algo así como que el libro maldice donde nosotros callamos, golpea donde nosotros rozamos, grita donde susurramos, se vuelve loco donde nosotros nos comportamos con cordura, con normalidad.
    En la penúltima hoja hay un radio, que transmite una canción desde hace doscientos años, es de Franco Battiato y dice:
    “Pero el animal que llevo dentro/ no me deja vivir feliz nunca se toma todo también el café/ me convierte en esclavo de mis pasiones
    y no se rinde nunca y no sabe esperar/ y el  animal que llevo dentro te ama”
    El libro es una serenata de un borracho, frente a un balcón, y cuando parece que la mujer está a punto de salir, de saludar, de lanzarnos un beso, alguien apaga los sentidos, la realidad.
    Y al final del ritual, después del vinito, los bocadillos, cuando hay, todos nos vamos, el lugar queda solo, vacío, apagado. Al poeta el alma le queda sudorosa de alegría, y entonces hace un gesto de recuperar una verdad que estaba allí y ninguno vio. Y todo vuelve a comenzar.  por: José María Zonta, poeta.
    Espero no te enamores
    Espero no te enamores
    esta vez
    al menos por esta vez
    lo nuestro no es un asunto
    de flores y chocolates
    es definitivo
    a lo que vinimos
    mis costumbres citadinas
    difieren de las tuyas
    desayunos siete a.m.
    oficina, universidad
    y otras ocupaciones  
    al menos yo necesito
    caminar bajo la lluvia
    visitar parques
    bulevares
    calles y avenidas
    confundirme entre la gente
    y hablar a solas
    asomarme
    a las cantinas
    del centro
    porque es aquí donde
    la poesía
    sale a mi encuentro.

    Necesito de vez en cuando
    comida china
    ir a misa
    o al culto a ver si veo milagros
    el fin es el mismo
    no importa
    quiero mirar
    esas caras reprimidas
    come santos
    y caga diablos
    por falta de sexo del bueno
    con los puños golpeándose
    el pecho
    y a la vez lo ofrecen
    para ser mamado  

    de vez en cuando necesito
    visitar nuevos burdeles
    en la avenida quinta
    ir al estadio a madrear
    al árbitro
    y gritar
    mirar al mejor jugador
    quitarse los tacos
    y jugar a la puntería
    del equipo contrario
    necesito más tiempo
    en la playa
    y encontrar sirenas aesinas
    además soy aficionado
    a la pesca con mosca
    te aclaro
    debo mejorar la técnica 
    porque es aquí donde
    la poesía
    sale a mi encuentro.


    Espero no te enamores
    esta vez
    al menos por esta vez
    si quieres hago realidad
    tus fantasías
    al menos lo que murmuras
    cuando te duermes
    en el asiento de al lado

    por ejemplo
    ir a una la iglesia
    y manosearnos 
    dentro del confesionario
    subirnos al tren de Heredia
    sentarnos en el último vagón
    me la sacas con tus manitas 
    y te la engulles

    ir al estadio nacional
    a coger en un rincón
    debajo de la gradería de sol
    mientras la Sele mete un gol
    o Keylor ataja un tiro libre

    ir a un nigth club
    y que alguna de las bailarinas
    te lleve de la mano hasta el tubo

    porque es aquí donde
    la poesía
    sale a mi encuentro.

    Espero no te enamores
    esta vez
    al menos por esta vez
    al final de la noche pasamos
    por una chica a La Avispa
    para tu soñado trío
    luego nos metemos
    en un burdel cualquiera
    eso sí primero ustedes dos
    mientras me excito
    cuando me avises
    me consumo entre las dos 
    te digo que eres
    una gran puta tortillera perra zorra 
    que sos lo mejor
    que me ha pasado
    es cierto

    porque es aquí donde
    la poesía
    sale a mi encuentro.

    Lo que pase afuera
    no importa
    todos los saben
    todo está arreglado
    el partido de futbol
    las próximas elecciones
    los premios en las artes 
    el reinado de belleza
    el concurso de baile
    el festival de las luces
    las fiestas de Zapote
    todo está arreglado
    y bien decorado
    como un Chifrijo casero 

    porque es aquí donde
    la poesía
    sale a mi encuentro.

    Mientras tanto
    vas liberando demonios 
    no te preocupes
    aquí es rezando
    y con el mazo dando
    Dios está ocupado
    en las últimas inundaciones
    al menos eso espero

    no dejes nada
    en mi casa 
    menos en la habitación
    ni en el baño
    el cepillo de dientes
    el desodorante
    la crema de manos
    los protectores
    y no te lleves mis calzoncillos 
    deja de mirar
    esos calzoncillos
    para que sepas los uso al revés
    para que no me amarres
    ni te lleves mis calcetines
    también los uso al revés
    para no seguir tus pasos
    si vuelves a dejar algo
    no volveremos a tener
    sexo en mi casa.

    Espero no te enamores
    esta vez
    al menos por esta vez
    ni me pidas hijos
    ya tengo suficientes.
    Espero no te enamores
    esta vez
    al menos por esta vez
    a lo que vinimos
    a cachete 
    fue una ramita
    de cedro amargo
    incrustada
    en mis vísceras
    en plena adolescencia
    fue creciendo conmigo
    hasta verme hoy
    ya muy lleno de ramas azules
    mañanas de mucha excitación
    tardes de ruleta en casinos
    noches malgeniadas
    por eso no llores.

    Espero no te enamores
    esta vez
    al menos por esta vez
    porque yo no me voy enamorar
    porque sé que una de tantas
    vas a levantarte
    de donde estés
    me vas a abandonar
    y dirás desde la puerta
    –Aquí no ha pasado nada.
     Del libro El bulevar de los infieles y otros parajes citadinos

    La  literatura de Faustino Desinach es fragmentada, atemporal, nostálgica, polifónica, capítulos cortos, reducidos breves,  casi  amputados, directos, esenciales, punzo cortantes, pero llenos de realismo sucio y cotidiano, se alimenta de paradas de buses, 
    los viajes en trenes, mercados, moles, hospitales, barrios citadinos, al final hilados por la ambientación de personajes solitarios,  decadentes, neuróticos, y marginados.

    Faustino Desinach

    Premio Nacional de Fotografía 1996

    Premio Nacional de Literatura 2011



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