Está claro que Faustino Desinach, poeta, no va a rendirse, que seguirá convocándonos cualquier día o noche para asistir al rito de presentar su más reciente animal cazado, su más reciente viaje a planetas lejanos, su más genuino acto de amor, su señal de vida, su diario, su mapa. Venimos y el poeta nos muestra lo que es capaz de hacer con sus manos: cavar hasta el fondo de la tierra y sacar animales luminosos, o alzarlas muy alto, y bajar con frutos del árbol, y nosotros quedamos, francamente maravillados, no sabemos si es una bendición o una maldición, la confusión a veces recorre al público que escucha al poeta como un sacerdote recitando sus oraciones, varias personas murmuran que no entienden, otras asienten simulando que entienden.¿De qué sirve leer un libro como este sin un vaso de vino, sin una noche lluviosa, sin una canción de Bob Dylan, sin un cuadro de Dalí, sin los animales del cuerpo inquietos, sin la humedad tomando forma, color, perfume? De nada.El libro es prueba documental de que el arte puede ser un territorio para decir la verdad, para experimentar nuevas armas que tal vez no definan la guerra, pero sí la alarguen a través de la noche, de que el amor puede ser un espacio para convertirse en animal, en instinto, en humano prehistórico, sin modales, sin educación, sin apariencias.El libro dice la verdad donde todos acostumbramos mentir, señala donde todos acostumbramos mirar para otra parte, denuncia donde nosotros disimulamos, muerde donde nosotros lamemos con desagrado, y finalmente muere con dignidad donde nosotros seguimos viviendo con deshonor.No hay dulzura en esta poesía de Faustino, no hay formalismos, ni tiempo para limpiarse la boca con una servilleta mientras se lee: no, el libro tiene la boca sucia, las manos manchadas con la sangre de un crimen reciente, las piernas en fuga y los ojos desbordados.No hay buenos modales en este libro de Faustino, ni uñas limpias, ni caras lavadas ni ropa planchada: todo lo contrario, hay un cuerpo, el suyo, el mío, el nuestro, viviendo urgentemente antes de que venga la muerte o la gratitud o la renuncia, a sacarnos del juego.El libro “camina por el lado salvaje” de la vida, como la canción de Lou Reed, está casi siempre frente a una ventana con bulevar sin saber si lanzarse o dar otra oportunidad para el invierno venga y diga algo que realmente valga la pena, signifique, nos reivindique.Señores y señoras, el libro tiene una pistola en la sien y yo todavía no sé en cuál página apretó el gatillo y en cuál página resucitó en un callejón de San José.El libro es una canción, dura, callejera, húmeda, rota, gris, que cuando amanece sonríe y dice un nuevo día para seguir adelante, para salir a caminar entre los enemigos, para sobrevivir.Todos conocemos a Faustino como fotógrafo, como escritor, como ser humano, como amigo, como nómada, pero ahora lo conocemos como un tipo realmente peligroso, nocivo, malvado, o sea, un poeta.Ahora Faustino se quita la máscara y vemos el monstruo de la poesía, el verdadero traidor que hemos amado todos estos años. Ahora vino la Poesía y lo bendijo y lo maldijo al mismo tiempo, lo convirtió en este hombre opulento dueño de todo y en este mendigo carente de todo.Faustino es hoy un ser humano más roto, más desangrado, más cercano a la humillación, a la música.Faustino es hoy un desertor, un paria, un loco que escapa del sanatorio, se quita la camisa de fuerza, ataca a la enfermera, desprende la aguja del tranquilizante, rompe la ventana y huye.Tengo una profunda piedad por él, sólo comparable con el profundo amor y la enorme dignidad que me inspira.Cuando leí el libro me volví sordo a cualquier sonido que no fuera una canción de Bob Dylan, sobre todo a aquélla que dice:“Si no fuera por ti muchacha, no podría encontrar la puerta/ no podría ver ni/ siquiera el cielo, estaría triste y abatido/ si no fuera por ti./ Si no fuera por ti muchacha/ Yacería despierto toda la noche/ Esperaría la luz del día/ para que brillara aquí dentro/ pero eso no sería distinto/ si no fuera por ti./ Si no fuera por ti/ mi cielo se derrumbaría y la tristeza se agolparía./ Sin tu amor ya no conseguiría nada/ estaría perdido sin no fuera por ti/ sabes que es cierto./ Si no fuera por ti, el invierno no tendría primavera/ no podría oír cantar al petirrojo/ no tendría idea de nada/ y en cualquier caso nada sería verdad”Y eso es este libro de Faustino, es cierto, es verdad, es duro, es simple como un movimiento del cuerpo cuando hace el amor y no está amando pero lo intenta una y otra vez.Juraría que este libro dura una tarde, o un invierno, o una mirada, o una flor, o una camisa en el suelo, o una ventana, o un disparo en la calle. Este libro tiene otras medidas del tiempo, no se puede leer en segundos o minutos, se debe leer en el tiempo de las manos, las bocas, las floristerías, las enaguas, las botellas, los amaneceres, las pieles y todos esos seres que forman bulevares a través de la vida, como si fueran baldosas.En el libro hay un tipo condenado a la silla eléctrica que escribe su última carta, hay un apache que atisba al hombre blanco, hay un asesino, hay un sujeto que ama a su mujer hasta medianoche y después se convierte en un desconocido.En el libro hay un tipo que se sujeta la cabeza sentado en la calle y todos pasan y nadie le ofrece un cigarro, ni le pregunta si está bien, ni le pone una mano en el hombro para transmitirle un poquito de calor.No, ese hombre al final del día tiene que levantarse y regresar solo a su casa a calentar las sobras de la semana pasada, entonces de camino se encuentra a una mujer, no importa si es negra, blanca o amarilla, si es santa o prostituta, firmaría una teoría que afirme que todas las prostitutas son santas y no hagamos viceversas, y sencillamente se la lleva, le ofrece una botella, una ventana, una cama, una refrigeradora blanca vacía de comida llena de frío, y ella que no podría estar más sola o más loca le dice que sí, y lo sigue, lo acompaña, lo rescata y lo pone a salvo en su propio caos, en su propio invierno, en su innegable sufrimiento. Mientras se atraviesa el libro alguien pone un disco, no un compacto, o más bien un elepé y suena Jim Morrison:“Días extraños nos han descubierto/ días extraños nos han buscado y encontrado/ destruirán nuestras pequeñas alegrías/ tendremos que seguir el juego o encontrar una nueva ciudad./ Ojos extraños llenan extrañas/ habitaciones/ voces transmitirán su aburrido propósito/ la anfitriona hace muecas/ sus invitados duermen hartos de pecar/ escúchame hablar del pecado y sabes que es así./ Extraños días nos han encontrado/ Y durante sus extrañas horas/ agonizamos solos/ cuerpos confundidos/ recuerdos maltratados/ mientras corremos desde el día/ hacia una extraña noche de piedra.”Y hacia allí corre el libro como un caballo demente: hacia la noche, la madrugada, la oscuridad, las ventanas. Porque las ventanas juegan un papel muy importante en estos poemas, casi afirmaríamos que sin ventanas no habría poemas pero también que sin estos poemas no habría rosas.Volvamos, volamos, al principio, dije algo así como que de qué vale leer este libro sin una ventana, sin una vela apagada a punto de encenderse sola o encendida a punto de apagarse sola, de un poco de frío que surta efecto en los senos más cercanos, unas gradas que suenan cuando las subimos, y sin una mujer? Pues de nada.Creo que también dije algo así como que el libro maldice donde nosotros callamos, golpea donde nosotros rozamos, grita donde susurramos, se vuelve loco donde nosotros nos comportamos con cordura, con normalidad.En la penúltima hoja hay un radio, que transmite una canción desde hace doscientos años, es de Franco Battiato y dice:“Pero el animal que llevo dentro/ no me deja vivir feliz nunca se toma todo también el café/ me convierte en esclavo de mis pasionesy no se rinde nunca y no sabe esperar/ y el animal que llevo dentro te ama”El libro es una serenata de un borracho, frente a un balcón, y cuando parece que la mujer está a punto de salir, de saludar, de lanzarnos un beso, alguien apaga los sentidos, la realidad.Y al final del ritual, después del vinito, los bocadillos, cuando hay, todos nos vamos, el lugar queda solo, vacío, apagado. Al poeta el alma le queda sudorosa de alegría, y entonces hace un gesto de recuperar una verdad que estaba allí y ninguno vio. Y todo vuelve a comenzar. por: José María Zonta, poeta.Espero no te enamoresEspero no te enamoresesta vezal menos por esta vezlo nuestro no es un asuntode flores y chocolateses definitivoa lo que vinimosmis costumbres citadinasdifieren de las tuyasdesayunos siete a.m.oficina, universidady otras ocupacionesal menos yo necesitocaminar bajo la lluviavisitar parquesbulevarescalles y avenidasconfundirme entre la gentey hablar a solasasomarmea las cantinasdel centroporque es aquí dondela poesíasale a mi encuentro.Necesito de vez en cuandocomida chinair a misao al culto a ver si veo milagrosel fin es el mismono importaquiero miraresas caras reprimidascome santosy caga diablospor falta de sexo del buenocon los puños golpeándoseel pechoy a la vez lo ofrecenpara ser mamadode vez en cuando necesitovisitar nuevos burdelesen la avenida quintair al estadio a madrearal árbitroy gritarmirar al mejor jugadorquitarse los tacosy jugar a la punteríadel equipo contrarionecesito más tiempoen la playay encontrar sirenas aesinasademás soy aficionadoa la pesca con moscate aclarodebo mejorar la técnicaporque es aquí dondela poesíasale a mi encuentro.Espero no te enamoresesta vezal menos por esta vezsi quieres hago realidadtus fantasíasal menos lo que murmurascuando te duermesen el asiento de al ladopor ejemploir a una la iglesiay manosearnosdentro del confesionariosubirnos al tren de Herediasentarnos en el último vagónme la sacas con tus manitasy te la engullesir al estadio nacionala coger en un rincóndebajo de la gradería de solmientras la Sele mete un golo Keylor ataja un tiro libreir a un nigth cluby que alguna de las bailarinaste lleve de la mano hasta el tuboporque es aquí dondela poesíasale a mi encuentro.Espero no te enamoresesta vezal menos por esta vezal final de la noche pasamospor una chica a La Avispapara tu soñado tríoluego nos metemosen un burdel cualquieraeso sí primero ustedes dosmientras me excitocuando me avisesme consumo entre las doste digo que eresuna gran puta tortillera perra zorraque sos lo mejorque me ha pasadoes ciertoporque es aquí dondela poesíasale a mi encuentro.Lo que pase afuerano importatodos los sabentodo está arregladoel partido de futbollas próximas eleccioneslos premios en las artesel reinado de bellezael concurso de baileel festival de las luceslas fiestas de Zapotetodo está arregladoy bien decoradocomo un Chifrijo caseroporque es aquí dondela poesíasale a mi encuentro.Mientras tantovas liberando demoniosno te preocupesaquí es rezandoy con el mazo dandoDios está ocupadoen las últimas inundacionesal menos eso esperono dejes nadaen mi casamenos en la habitaciónni en el bañoel cepillo de dientesel desodorantela crema de manoslos protectoresy no te lleves mis calzoncillosdeja de miraresos calzoncillospara que sepas los uso al revéspara que no me amarresni te lleves mis calcetinestambién los uso al revéspara no seguir tus pasossi vuelves a dejar algono volveremos a tenersexo en mi casa.Espero no te enamoresesta vezal menos por esta vezni me pidas hijosya tengo suficientes.Espero no te enamoresesta vezal menos por esta veza lo que vinimosa cachetefue una ramitade cedro amargoincrustadaen mis víscerasen plena adolescenciafue creciendo conmigohasta verme hoyya muy lleno de ramas azulesmañanas de mucha excitacióntardes de ruleta en casinosnoches malgeniadaspor eso no llores.Espero no te enamoresesta vezal menos por esta vezporque yo no me voy enamorarporque sé que una de tantasvas a levantartede donde estésme vas a abandonary dirás desde la puerta–Aquí no ha pasado nada.Del libro El bulevar de los infieles y otros parajes citadinosLa literatura de Faustino Desinach es fragmentada, atemporal, nostálgica, polifónica, capítulos cortos, reducidos breves, casi amputados, directos, esenciales, punzo cortantes, pero llenos de realismo sucio y cotidiano, se alimenta de paradas de buses,los viajes en trenes, mercados, moles, hospitales, barrios citadinos, al final hilados por la ambientación de personajes solitarios, decadentes, neuróticos, y marginados.Faustino DesinachPremio Nacional de Fotografía 1996Premio Nacional de Literatura 2011faustinodesinach.blogspot.comfaustinodesinach@gmail.comPedidos al(506) 8388 6431(506) 8819 7827Una producciónEditorial Escritores y fotógrafos contemporáneos
jueves, 13 de octubre de 2016
Realismo Sucio
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